
Calentar zonas húmedas sin problemas
Si alguna vez has intentado calentar un vestuario o una área de cambio de ropa, sabes lo difícil que es. Básicamente, estás luchando contra la humedad. La mayoría de los calentadores solo intentan calentar el aire, pero en esos espacios, el aire caliente desaparece en cuanto se abre la puerta.
Por eso dejamos de usar métodos de convección y pasamos a utilizar radiadores de ondas cortas infrarrojas. En lugar de perder tiempo calentando el aire, estos radiadores emiten calor directamente sobre la piel y las superficies cercanas. Es rápido… realmente rápido. Lo sientes en cuanto enciendes el interruptor.
Por qué es importante el estándar IP65
Los vestuarios son lugares difíciles para los calentadores: hay vapor, salpicaduras y gente que limpia todo con químicos agresivos. Un calentador normal probablemente se dañaría o se oxidaría en pocos meses.
Nosotros fabricamos nuestros dispositivos según el estándar IP65, porque, francamente, deben ser resistentes. La carcasa es completamente hermética y puede soportar chorros de agua sin problemas. Sellamos el elemento calefactor detrás de un vidrio de alta transmisión, y utilizamos conexiones de cables reforzadas y juntas de silicona. Esto evita que la humedad llegue a los componentes eléctricos.
Lograr el equilibrio adecuado entre calor y eficiencia
La ventaja de las lámparas de ondas cortas infrarrojas es su alta densidad de energía. No hay necesidad de esperar a que se calienten, como ocurre con los radiadores tradicionales llenos de aceite. Es energía instantánea.
Pero hay que tener cuidado: estos dispositivos son muy potentes. Debido a que el calor está muy concentrado, no se pueden colocar en cualquier lugar. Si los montas demasiado bajo o junto a un armario de plástico, podrás dañar los accesorios. Se trata de encontrar el equilibrio adecuado entre la altura de montaje y la potencia, para así obtener un calor agradable y no un punto caliente.
Instalación y mantenimiento
Hemos diseñado estos dispositivos para que sean sustituciones fáciles, sin necesidad de demoler todo el techo. El cableado también es sencillo, pero asegúrate de que tus disyuntores puedan soportar la corriente inicial cuando se enciendan las lámparas.
En cuanto al mantenimiento, prácticamente no existe. Dado que todo está sellado, no necesitas manipular los componentes internos. Solo debes vigilar el vidrio. Si se acumula jabón o polvo en la lente, esto bloqueará las ondas infrarrojas y la habitación seguirá fría. Con un simple cepillado, volverán a funcionar perfectamente.